jueves, 2 de julio de 2009

Humanidad versus Natura


Una de las modas ecológicas extendidas por el planeta es la de preservar los derechos de los animales, incluso por encima de los del hombre. En parte parece lógico, pero visto el tema desde la perspectiva de los que sufren a los animales salvajes no lo es. No es tema sencillo, pero es evidente que el ser humano y sus intereses deberían estar siempre por encima de cualquier otra especie animal.


La protección desmesurada a llegado a cotas impensables hace apenas un siglo. Una cosa es prohibir e intentar detener masacres discriminadas y otra muy diferente imponer criterios ecológicos para detener el progreso humano. Pongamos algún ejemplo para entender todo esto.


Africa: en la actualidad, en muchos países subdesarrollados (a la mayoría de las naciones negras se les podría adjuntar esta etiqueta) se valora más la vida de un felino que la de los niños que aparecen desnutridos por la tele. Llega el león, destroza medio ganado del ya de por sí pobre pastor, éste reclama justicia, y lo único que consigue son amenazas de muerte si se le ocurre cobrarse venganza con aquel que hará pasar hambre a varias generaciones de su familia. Para más inri, lo culpan de invadir con sus reses el territorio del león que se pasea amenazante y con la tripa llena.


Señores, esto no es serio. ¿Desde cuándo el león ha adquirido derechos sobre terrenos y solares? ¿Bajo qué ley se puede dejar que fallezcan de hambre y sed personas por salvar a cuatro fieras que no aportan absolutamente nada al medio ambiente? ¿Quién desprecia tanto a sus semejantes que prefiere verlos morir a cambio de no frenar el "turismo blanco"? ¿Por qué no se utiliza ese enorme habitat virgen para abastecer a la población indígena de sustento y beneficios? ¿Quién impide que se utilicen para beneficio de la población los inmensos recursos de aquellas tierras de nadie?


Y no solo eso. Los ecologistas defienden el ecosistema y todo aquello que lo integra. ¿Es qué el ser humano no pertenece al lugar donde nace y muere? ¿Tan mezquinos son estos niñatos que por no dañar a cuatro hipopótamos impiden el avance económico y social de millones de africanos? ¿En qué ha repercutido en el medio ambiente la pérdida de animales en peligro de extinción? ¿No siguen los Pirineos donde estaban a pesar de que hayan desaparecido los osos?


El ser humano es la cumbre y la cúspide de vuestra manoseada Natura. El hombre tiene el derecho (innegociable) y la obligación (si quiere hacer uso de ella) de domar y moldear a su servicio a cuantos seres vivos y habitats encuentre a su alrededor. Y, al igual que labra la tierra y desvía ríos para poder subsistir, si es necesario se extinguen animales y/o se repoblan sabanas y montañas, se desbroza, se aparcela, se siembra... lo que haga falta para simplemente subsistir, para evolucionar.


Que nuestra raza no ha avanzado más que el resto de las existentes con mezquinos ecologistas que atacan barcos petroleros con barquitos a gasoil (consumiendo y contaminando con aquello que desprecian). Que la humanidad necesita nuevas tierras de labranza, a pesar de que vosotros prefirais que la gente fallezca y que el león siga devorando el ganado del pastor (porque las fieras no representan ningún beneficio para nadie excepto para ellas mismas). Que los niños y niñas del tercer mundo deberían poder alimentarse a pesar de lo que cuatro niñatos bien alimentados sueñen desde sus camitas con colchon y somier (si quereis salvar a alguien, hacedlo con vuestros iguales primero). Que nuestro planeta se ha recuperado de devastaciones muchísimo peores que la actual (en nada comparable a las extinciones masivas que ya ha sufrido nuesto habitat).


Que hablais por hablar, que actuais fatal, que os contradecís, que mentís, que sois unos interesados, que no teneis ni ideología ni escrúpulos, que quereis asustarnos a todos con un inexistente cambio climático. Que sois los nuevos asesinos ecológicos. Vaya panda morrallera. Ufff...


miércoles, 1 de julio de 2009

Intolerancia sexista



Una compañera me ha dejado un libro. El tema es sencillo: las relaciones de pareja. Hasta aquí todo de lo más normal. Pero el título ya te da una pequeña pista de por donde van los tiros: "Los hombres no se enteran...". Por supuesto, el título no dice nada en contra de las mujeres (el resto del título que falta, claro está), pero ya deja por sentado quien es el culpable de las desavenencias de las parejas.



Mal empezamos. Primera, porque estamos comparando dos entes totalmente diferenciados: hombres y mujeres. Segunda, porque estamos culpabilizando a una parte sin ni siquiera desarrollar el tema. Y tercera y principal, seguimos el típico tópico de inculpar al hombre de todos los problemas, los suyos y los de las mujeres. Mal, pero que muy mal empezamos.



La primera mitad del libro se desarrolla bajo estos términos: al hombre "sólo" le llega su capacidad para ser cazador (y punto, y ahí se acabaron las luces del sexo masculino); la mujer, muy por el contrario, es un cerebro ultracapacitado para soportar al hombre y miles de tareas más, todas a la vez y sin cometer el menor fallo. ¿Es esto lógico? Es evidente que no.



Partimos de comparaciones y en ellas seguimos. El hombre, siempre según el libro, es un ser falto de sentimientos y emociones que no ve más allá de sus narices, que nunca comprende al otro sexo, que no tiene temas interesantes de información, ni de qué hablar. Simplemente dormita, vegeta, existe, sin otra función que joder la vida de sus semejantes (su vida de pareja, se entiende). En cambio, y como contraste, la mujer es el eterno paladín del amor, la que nunca se equivoca si se enoja, la de la razón eterna, la del cariño inmenso, afectuosa, rebelde pero mimosa, la gran perfección de la creación.

El hombre, según los autores de esta catástrofe publicada, ni entiende ni quiere saber nada de compromiso (no comprendo porque sigue la raza humana practicando el matrimonio), no es capaz de distinguir los tonos de voz de su amada ni descifrar los mensajes subliminales que ella le envía (siempre se dijo que hablar claro es esencial para solucionar cualquier problema); ese desastre de la naturaleza con pene no sabe hacer nada más que una tarea a la vez (algo impensable si se está cenando, atento al televisor y comentando las noticias con tu pareja (comprobándolo eso son, como mínimo, tres tareas). Y, como éstas, muchas barbaridades más, sin fundamento científico ni nada que las soporte, simplemente sus opiniones (tan inválidas como las de cualquier otro, incluído yo).



Ni que decir tiene que una hembra humana es diametralmente opuesta al macho. Ella si que sabe lo que es sufrir, soportar, humillarse, callar, claudicar... Es fuerte, valiente, sensata, capaz, digna, diplomática... toda una eminencia en temas sentimentales y afectivos, alma universal cuidadora y sanadora de la infancia (dando a entender que el hombre actual no cambia pañales... ufff, cuanto mundo les queda por ver a estos autorcillos). Cuando dice "te quiero" es tan real como falso es cuando la frase la pronuncia su pareja (sigo sin entender qué pinta el hombre en un matrimonio y ahora, además, con hijos). En fin, comparando lo incomparable. Y lo que es peor, sacando conclusiones y soluciones y perjudicando siempre y por sistema al mismo grupo: el masculino.

No le niego a la mujer ningún mérito, eso nunca, todo lo contrario. Su lucha me parece genial y justa (siempre y cuando demande la igualdad con el sexo opuesto, y no la supremacía, como hacían sus contrarios tiempos atrás). El feminismo me parece excelente y cabal, pero tener que aplastar y humillar al otro género para reivindicar unos derechos es algo sumamente absurdo y carente de lógica y principio. Es más, llega a resultar aberrante.



Así las cosas, según el libro de marras, para ser un buen hombre hay que vivir bajo el yugo de la mujer, sentir como ella, tener sus gustos, sus principios y deseos, compartir todos y cada uno de sus proyectos, no negarle ni contradecirle nunca sus palabras y órdenes, saber en cada momento lo que desea y complacerla hasta en el más mínimo detalles, pues para eso son los hombres los que no se enteran... (esta filosofía me recuerda mucho a una de signo contrario que hace no mucho todavía seguía vigente en nuestro país... joder, que miedo...).



Baste recordar, y tratando siempre de no caer nunca en la misoginia (algo que odio desde lo más profundo de mi corazón), que se pueden contar por miles los artistas masculinos que, dentro de sus artes, han conseguido logros tan importantes (medicina, arquitectura, ciencia...) que el ser humano no sería lo que es si no fuera por ellos, personas con pene entre las piernas que si han sabido dedicarse a múltiples facetas y llegar a las cotas más altas en todas las disciplinas que han tratado, siempre sin dejar de ser padres y esposos; que se pueden contar por millones los padres (nótese que la palabra pertenece al género masculino) que se desvelan y se desviven por sus mujeres, hijos, prójimos, amigos... sin que nadie les venga a decir qué son los sentimientos, qué es el amor y en qué consiste el afecto.



Queridos autores, si de verdad quieren ayudar a las parejas que leen sus libros, háganme caso, dedíquense a otra cosa (a su familia, tal vez), y no nos sermoneen con historietas. Por favor. Y de la segunda parte...mejor hablamos otro día. Besitos.

viernes, 26 de junio de 2009

Idolos e iconos


Hace muchísimo tiempo que no entro, que no critico, que no me relamo las heridas, pero es que la vida muchas veces te convierte en una puta adormecida, te vapulea y ni te enteras... los regresos siempre son dulces.


Hoy, en una tertulia de almuerzo, me he puesto a pensar en que tal vez seamos nosotros los culpables de la situación. Nos movemos como borregos. La humanidad se ha convertido en una manada estable y conformista, en un ganado al que se le ha olvidado la voluntad y las ganas de lucha. Y en esa colación, en ese debate, han aparecido los iconos.


Muchas veces me avergüenzo de pensar que aquellos a quienes idolatramos no son ni de lejos dignos de tal admiración. Y un buen ejemplo era un asesino a sueldo llamado el Che. Y me explico. La gente (sobre todo los izquierdistas y los anarquistas) nos pretende colar la imagen tan manida del guerrero justo y sabio que imparte paz y bondad, que nunca se equivoca, que utiliza la razón mucho antes que la fuerza. Y nada más lejos de la realidad. Este "amigo" de los buenos entró a sangre y fuego en una isla ya de por sí devastada por una dictadura. Este "galán" del heroísmo mató, fusiló y asesinó a cuantos intentaron cerrar y entorpecer su camino en la imposición de una nueva dictadura de distinto signo. Este "gentilhombre", en fin, no tiraba caramelos a sus enemigos, ni flores, ni les daba razones ni cuentas que los convencieran. Asesinaba, fusilaba, ejecutaba, torturaba...
Esto mismo sucede en nuestro país. La guerra civil se ha convertido en una amarga derrota para todos. Nadie ha sacado nada positivo de ella, ninguna enseñanza, sólo enfrentamiento. Y es curioso que un bando trate de asesino al otro. ¿Acaso el bando perdedor no disponía de balas? ¿Quién manejaba tanques y aviones en el bando rojo? ¿Los brigadistas internacionales disparaban con fusil o sólo se dedicaban a la poesía de Lorca? ¿Qué dirigentes abandonaron a su suerte a miles de españoles y huyeron a lugar seguro y confortable? ¿Por qué nuestra sociedad se empeña en idolatrar a los cobardes? Nunca nadie se pregunta nada de esto. El ser humano repite como suyo aquello que le dictan, sin pensar, sin analizar. Es absurdo. Y muy triste.

No os creais nunca el cuento de que en una guerra hay malos y buenos. En una guerra matan todos y gana el más preparado, el más eficaz y, normalmente, el que más muescas marca en su pistola. Así, queridos idólatras del guerrillero de la triste mirada y otros personajillos de su misma calaña, se debería replantear la historia. Y deberíais replantearos vuestras ideas (si es que realmente las teneis). No ganan los que más buenos o malos son, sino los que más matan. Y esto es aplicable a casi todas las guerras.


A ver si os queda claro, ignorantes.

viernes, 20 de marzo de 2009

La TV y la crisis económica...


Es curioso y sumamente penoso el tratamiento del tema de la crisis en TV. Me irrita sobremanera que hablen y discurran aquellos a los que en nada afecta la miseria de los demás. Veo sus caras y tiemblo de rabia, escucho sus voces y me indigno... y pienso: que panda de mezquinos, de aprovechados, de ignorantes, de falsos.


Les da igual hablar del tiempo, del amor o de la crisis. Pasan de un tema a otro como si fueran el mismo problema. A ellos, con poner cara creible y hacer el paripé, el resto les da igual. Opinan, y parece que saben, que lo sienten, que lo sufren. No tienen ni idea de lo humillante que es partirte la espalda y perder mil horas al dia en una empresa que te pega la patada de mala manera y te deja en la calle con lo puesto.


Por supuesto, ellos no son mileuristas. Porque si lo fueran no dirían lo que dicen, ni se sentarían en esas cómodas sillas con sus cientos de papeles de datos y más datos que en sus bocas suenan vacios. Ni saben del dolor de los demás ni les importa, pero cobran por hacer ver que les preocupa como le va a la plebe, que comparten sus desgracias, que apoyan su lucha. Y es que, los tertulianos, de obreros no tienen nada. Pero nada de nada.


Luego de acabado el programa, de adormecer y anestesiar a una sociedad ya de por sí somnolienta, vuelven a sus cuevas de lujos y fiestas, de flamantes coches y de carísimos vestuarios. De yates, de viajes, de exclusivas, de estrenos... No entiendo a quien pretenden engañar. Siguen consumiendo a ritmo vertiginoso porque sus carteras nunca dejan de estar repletas. Y mañana de nuevo a la TV, con nuevos datos, renovadas preocupaciones, con ese falso estilo alterado que tan de moda se ha puesto últimamente.


Ya lo dice el refrán: "A rio revuelto, ganancia de pescadores". Que asco dais.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Jerarquía eclesiástica...


Hoy he visto en las noticias que el gran ministro de la religión cristiana no duda en falsear la realidad científica que garantizan que el preservativo es la gran esperanza contra la maligna enfermedad del sida. Allá por Africa, ante un montón de creyentes y un puñado de periodistas, el Papa Benedicto se da el lujo de dejar caer la perlita de que el condón, más que prevenir, añade riesgo a la extensión de la infección. Según él, esa no es la solución del problema.


Siempre me he preguntado porqué los que supuestamente deben mantenerse célibes y castos durante toda su vida se inmiscuyen en las relaciones sexuales de los demás. Esto vendría a ser algo así como decirle a un arquitecto cuántos pilares tiene que tener un edificio. Es increíble la sed de poder que siguen manteniendo los jerarcas eclesiásticos. Siguen siendo fieles a unas creencias que tienen más de dos mil años y, en consecuencia a ese retraso histórico, dictan y pretenden imponer unos dogmas que en la mayoría de las ocasiones provocan hilaridad por su absurdo.


Señores, seamos serios. El preservativo no es un invento espiritual. Es un genial y sencillo logro científico, quizá el más importante en materia sexual, que previene y garantiza la inmunidad del individuo casi al 100 %, la no infección del sida o de cualquier otra enfermedad venerea. Así, ¿cuál es el problema? ¿Qué gana la Iglesia y sus dirigentes queriendo dejar a sus fieles desprotegidos? Es algo inexplicable. Además, ¿de qué supuesto científico extrae conclusiones un individuo que ni investiga ni practica sexo?


La Iglesia, su cabeza visible y sus colaboradores quieren colocarnos en el Siglo XXI los dogmas que nuestros antepasados practicaban en el Siglo IV. Carece de lógica, de sentido común. Es normal que las personas se alejen cada vez más de la fe, puesto que los jerarcas que la comandan claman a los cielos la compasión y la caridad mientras viven en la opulencia, mientras son acusados y culpados de pederastia, mientras se niegan a otorgar sus sacramentos sin cobrar por ellos. La fe ha dejado de ser parte fundamental de la vida común de la gente. Ya se puede vivir sin ella. Los pecados ya no infunden miedo, se ha perdido el pavor al castigo divino. Y eso si que es coherente. Vivimos en el Siglo XXI.


Me gustaría que se callara, Su Santidad. Me gustaría que, cuando hablara, lo hiciera con la mente puesta en la humanidad y no en Dios que, por suerte para él, no sufrirá el azote del sida. Y que hablara con conocimiento de causa. Y no sólo de eso, sino de cualquier otro tema no espiritual que no le atañe. La fe es al espíritu lo que la comida a la carne. Y nada más. El resto ya es historia de otros siglos.