
Una compañera me ha dejado un libro. El tema es sencillo: las relaciones de pareja. Hasta aquí todo de lo más normal. Pero el título ya te da una pequeña pista de por donde van los tiros: "Los hombres no se enteran...". Por supuesto, el título no dice nada en contra de las mujeres (el resto del título que falta, claro está), pero ya deja por sentado quien es el culpable de las desavenencias de las parejas.
Mal empezamos. Primera, porque estamos comparando dos entes totalmente diferenciados: hombres y mujeres. Segunda, porque estamos culpabilizando a una parte sin ni siquiera desarrollar el tema. Y tercera y principal, seguimos el típico tópico de inculpar al hombre de todos los problemas, los suyos y los de las mujeres. Mal, pero que muy mal empezamos.
La primera mitad del libro se desarrolla bajo estos términos: al hombre "sólo" le llega su capacidad para ser cazador (y punto, y ahí se acabaron las luces del sexo masculino); la mujer, muy por el contrario, es un cerebro ultracapacitado para soportar al hombre y miles de tareas más, todas a la vez y sin cometer el menor fallo. ¿Es esto lógico? Es evidente que no.
Partimos de comparaciones y en ellas seguimos. El hombre, siempre según el libro, es un ser falto de sentimientos y emociones que no ve más allá de sus narices, que nunca comprende al otro sexo, que no tiene temas interesantes de información, ni de qué hablar. Simplemente dormita, vegeta, existe, sin otra función que joder la vida de sus semejantes (su vida de pareja, se entiende). En cambio, y como contraste, la mujer es el eterno paladín del amor, la que nunca se equivoca si se enoja, la de la razón eterna, la del cariño inmenso, afectuosa, rebelde pero mimosa, la gran perfección de la creación.
El hombre, según los autores de esta catástrofe publicada, ni entiende ni quiere saber nada de compromiso (no comprendo porque sigue la raza humana practicando el matrimonio), no es capaz de distinguir los tonos de voz de su amada ni descifrar los mensajes subliminales que ella le envía (siempre se dijo que hablar claro es esencial para solucionar cualquier problema); ese desastre de la naturaleza con pene no sabe hacer nada más que una tarea a la vez (algo impensable si se está cenando, atento al televisor y comentando las noticias con tu pareja (comprobándolo eso son, como mínimo, tres tareas). Y, como éstas, muchas barbaridades más, sin fundamento científico ni nada que las soporte, simplemente sus opiniones (tan inválidas como las de cualquier otro, incluído yo).
Ni que decir tiene que una hembra humana es diametralmente opuesta al macho. Ella si que sabe lo que es sufrir, soportar, humillarse, callar, claudicar... Es fuerte, valiente, sensata, capaz, digna, diplomática... toda una eminencia en temas sentimentales y afectivos, alma universal cuidadora y sanadora de la infancia (dando a entender que el hombre actual no cambia pañales... ufff, cuanto mundo les queda por ver a estos autorcillos). Cuando dice "te quiero" es tan real como falso es cuando la frase la pronuncia su pareja (sigo sin entender qué pinta el hombre en un matrimonio y ahora, además, con hijos). En fin, comparando lo incomparable. Y lo que es peor, sacando conclusiones y soluciones y perjudicando siempre y por sistema al mismo grupo: el masculino.
No le niego a la mujer ningún mérito, eso nunca, todo lo contrario. Su lucha me parece genial y justa (siempre y cuando demande la igualdad con el sexo opuesto, y no la supremacía, como hacían sus contrarios tiempos atrás). El feminismo me parece excelente y cabal, pero tener que aplastar y humillar al otro género para reivindicar unos derechos es algo sumamente absurdo y carente de lógica y principio. Es más, llega a resultar aberrante.
Así las cosas, según el libro de marras, para ser un buen hombre hay que vivir bajo el yugo de la mujer, sentir como ella, tener sus gustos, sus principios y deseos, compartir todos y cada uno de sus proyectos, no negarle ni contradecirle nunca sus palabras y órdenes, saber en cada momento lo que desea y complacerla hasta en el más mínimo detalles, pues para eso son los hombres los que no se enteran... (esta filosofía me recuerda mucho a una de signo contrario que hace no mucho todavía seguía vigente en nuestro país... joder, que miedo...).
Baste recordar, y tratando siempre de no caer nunca en la misoginia (algo que odio desde lo más profundo de mi corazón), que se pueden contar por miles los artistas masculinos que, dentro de sus artes, han conseguido logros tan importantes (medicina, arquitectura, ciencia...) que el ser humano no sería lo que es si no fuera por ellos, personas con pene entre las piernas que si han sabido dedicarse a múltiples facetas y llegar a las cotas más altas en todas las disciplinas que han tratado, siempre sin dejar de ser padres y esposos; que se pueden contar por millones los padres (nótese que la palabra pertenece al género masculino) que se desvelan y se desviven por sus mujeres, hijos, prójimos, amigos... sin que nadie les venga a decir qué son los sentimientos, qué es el amor y en qué consiste el afecto.
Queridos autores, si de verdad quieren ayudar a las parejas que leen sus libros, háganme caso, dedíquense a otra cosa (a su familia, tal vez), y no nos sermoneen con historietas. Por favor. Y de la segunda parte...mejor hablamos otro día. Besitos.
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