
Es curioso y sumamente penoso el tratamiento del tema de la crisis en TV. Me irrita sobremanera que hablen y discurran aquellos a los que en nada afecta la miseria de los demás. Veo sus caras y tiemblo de rabia, escucho sus voces y me indigno... y pienso: que panda de mezquinos, de aprovechados, de ignorantes, de falsos.
Les da igual hablar del tiempo, del amor o de la crisis. Pasan de un tema a otro como si fueran el mismo problema. A ellos, con poner cara creible y hacer el paripé, el resto les da igual. Opinan, y parece que saben, que lo sienten, que lo sufren. No tienen ni idea de lo humillante que es partirte la espalda y perder mil horas al dia en una empresa que te pega la patada de mala manera y te deja en la calle con lo puesto.
Por supuesto, ellos no son mileuristas. Porque si lo fueran no dirían lo que dicen, ni se sentarían en esas cómodas sillas con sus cientos de papeles de datos y más datos que en sus bocas suenan vacios. Ni saben del dolor de los demás ni les importa, pero cobran por hacer ver que les preocupa como le va a la plebe, que comparten sus desgracias, que apoyan su lucha. Y es que, los tertulianos, de obreros no tienen nada. Pero nada de nada.
Luego de acabado el programa, de adormecer y anestesiar a una sociedad ya de por sí somnolienta, vuelven a sus cuevas de lujos y fiestas, de flamantes coches y de carísimos vestuarios. De yates, de viajes, de exclusivas, de estrenos... No entiendo a quien pretenden engañar. Siguen consumiendo a ritmo vertiginoso porque sus carteras nunca dejan de estar repletas. Y mañana de nuevo a la TV, con nuevos datos, renovadas preocupaciones, con ese falso estilo alterado que tan de moda se ha puesto últimamente.
Ya lo dice el refrán: "A rio revuelto, ganancia de pescadores". Que asco dais.
